IMAGINE MEDIA PR.— Biblias intervenidas, templos convertidos en espacios de propaganda política, sacerdotes sometidos a adoctrinamiento y creyentes perseguidos por practicar su fe fuera del control estatal forman parte de la realidad que enfrentan las comunidades religiosas en China, según una investigación del analista político internacional Luis Zúñiga.

Zúñiga, un exdiplomático de origen cubanoamericano, sostiene que, aunque la represión religiosa ha sido una política oficial desde la fundación de la República Popular China en 1949, la llegada del presidente Xi Jinping al poder en 2012 marcó una etapa de mayor vigilancia, censura y persecución.
Plantea que, el Partido Comunista Chino permite determinadas prácticas religiosas únicamente cuando sus organizaciones, dirigentes y enseñanzas permanecen subordinados a la ideología política oficial, y a los intereses del Estado.
La investigación señala que la impresión, lectura o distribución de publicaciones religiosas puede conllevar arrestos, trabajos forzados y otras formas de abuso desde el poder.
Religiones con control político
Uno de los principales instrumentos denunciados en el estudio es el mecanismo denominado “sinización”, mediante el cual, el régimen comunista busca adaptar las creencias religiosas a la moral socialista y a la obediencia al partido en el gobierno.
Incluso, sostiene Zúñiga, se han modificado interpretaciones y pasajes bíblicos para alinearlos con el discurso oficialista y colocar la fidelidad al Estado por encima de la fe cristiana.
En el caso de los feligreses católicos, el gobierno creó la Asociación Católica Patriótica China, con el propósito de incorporar a sacerdotes y a creyentes. Quienes optan por participar en celebraciones clandestinas dentro de sus casas pueden sufrir arrestos, desalojos y hasta la demolición de sus viviendas.
Las iglesias protestantes también se encuentran bajo total vigilancia, pues, los pastores son obligados a estudiar la historia del Partido Comunista, participar en sesiones políticas, y orientar a los feligreses para que respalden el modelo socialista chino.
Zuñida asegura que el control del poder político chino alcanza, además, a los algunos templos budistas, donde las lecturas y las enseñanzas de esa religión y fisolofía de vida han sido sustituidas por la narrativa discursiva del gobernante Xi Jinmping.
La investigación describe como particularmente grave, la situación de los practicantes de Falun Gong, señalados por las autoridades como enemigos del Estado, expuestos a arrestos, torturas y hostigamientos, tal como se puede recoger en denuncias internacionales que incluyen supuestas extracciones forzadas de órganos.
Contraste con Taiwán
El estudio contrapone esa realidad con las libertades existentes en Taiwán, cuya Constitución garantiza la libertad de credo y la igualdad de los ciudadanos, independientemente de sus creencias religiosas o ideologías políticas.
Zúñiga destaca que las organizaciones religiosas taiwanesas pueden administrar templos, escuelas y centros de formación sin someter sus doctrinas a una ideología estatal.
“Mientras el régimen de Beijing utiliza el poder del Estado para controlar, modificar y perseguir las creencias, en Taiwán se protege el derecho de cada ciudadano a practicar libremente su religión”, concluye el analista Zúñiga.
